Me enamoré, joder, me enamoré de el agua en mis pies, de la tierra en mi coche, de la risa nerviosa que me provoca.
Me enamoré de cada vez que llegaba el jueves, de las ganas de hacer.
Me enamoré de sus historias y viajes, de las madrugadas y sus tatuajes, de las cicatrices.
Me enamoré, lo estoy.
Y me gusta tanto esa sensación de tener esas ganas, de tenerte esas ganas; de sus ojos, de sus forma de hablar, de esa nariz y de las noches y todas las estrellas que me hizo ver.
Me enamoré más de los castillos, de lo acogedores que son, de los bichos y de las constelaciones.
Me enamoré del tiempo y de como consiguió tan fácilmente que fuera tan yo de nuevo.
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