viernes, 11 de enero de 2019

Es como si la música de mi cabeza se convirtiera en letras, letras que hay que ordenar y buscarle color, no orden, para dibujar mejor los pensamientos. Como cuando suena tan dentro que resuena en el alma y sale por la boca en forma de sonrisa o llanto. 
Como un piano bien afinado en medio de un caótico ruido de ciudad, que te conduce por buen camino si quieres encontrar la felicidad. 

El arte no se escucha se ve o se toca, se siente, quizás sea por eso que erizas mi piel cada vez que te rozo, o alguna extraña magia que hace desaparecer el ruido y solo deja el camino, la música y tu.  Hacia el mar, atardeciendo, como si las huellas ya estuviesen marcadas. Ojalá mas allá encontremos pájaros volar, libre y sin miedos. En lugares tan insospechados que solo la luna haya  contemplado.