Ella volvió a preguntarme lo mismo y una vez más le respondí con las mismas palabras que hace 40 años atrás.
-¿ Estas enamorado de mi?
- Hasta la última gota de mí sangre lleva tu nombre.
Fue amor a primera vista, la vi y lo supe. Un amor para siempre, de los de verdad.
Sus ojos eran como un mar embravecido, fuertes y sin miedo, un color azul especial. Des de entonces fue mi azul favorito.
Me di cuenta de que no te enamoras de un nombre ni de un color de ojos ni siquiera de un bonito cuerpo, cuando te enamoras te enamoras de lo que no ves. De lo importante. De las cosas que nadie te ha hecho sentir y de los chistes que te cuentan, de las visitas sin sentido, incluso de los silencios. Te enamoras de todo y justo cuando te has dado cuenta de lo invisible ves todo lo demás. La sonrisa, el hueco en la comisura de su labio al reír, de su voz, su risa, hasta te enamoras de su ira pues es ella igual.
Me enamoré de verdad cuando hablamos, cuando sin saber nada me hizo sentirlo todo. Me enamore y des de entonces le pertenezco.
No hay comentarios:
Publicar un comentario