La almohada le presionaba el pecho con fuerza y de su monstruo interior salía un grito desgarrador.
Todo le había salido mal.
Las lágrimas enrojecieron su rostro y nublaron su alma.
Solo sentía ira. Una ira desmedida.
Se miro al espejo mientras cruzaba el pasillo para acabar con todo lo que le producía esa agonía, más allá de lo que veía en su reflejo había algo que quería enterrar para siempre.
Nada mas abrir la puerta,una brisa muy fría, casi helada, la sacudió de pies a cabeza y despertó.
-¿qué demonios me ha ocurrido?-se preguntó.
Tantas veces colgando de la misma cuerda.
A veces la que la salvaba de un abismo aterrados y otras la que la ahogaba tanto como para dejar de respirar.
Quizás era hora de empezar de nuevo, de olvidar todo lo malo y sacar sus penas de paseo.
-Todavía no soy capaz- se repetía una y otra vez. -Todavía no quiero olvidarlo.
Durante años estuve guardando ese secreto como un tesoro -pues era tal como así- si alguien más supiera... ya no podría vivir en paz, la culpa sería toda mía. Pues yo tuve la culpa.
Cuan largo será el tiempo que tendrá que pasar para que algo así lo olviden, podré yo olvidarlo algún día. -Pensó.
-Quizás sea cuestión de tiempo. El tiempo pasará sin más. Algún día despertaremos y nuestros secretos serán minucias, pues el tiempo habrá borrado su importancia.- Sacudió la cabeza y dio un paso al frente, hacía lo desconocido. hacía su nuevo futuro-.
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