Ni aguardiente ni ron, ni si quiera vino con gaseosa, nada.
Toda y cada una de sus botellas... vacías.
Las estanterías sucias, la cama a medio hacer y despeinada como siempre.
Todos pasamos malas rachas y ya era hora de acabar con esta.
Alicia, una chica corriente, de ciudad corriente; Pero con una diferencia de la gente corriente, ella se creía especial.
Y aun que todavía no lo sabia, lo era.
Después de unos años con algunas dificultades en su vida, llamemos las así, empezaba de nuevo.
Muchas cajetillas de tabaco, mucho alcohol en sangre y muchas noches sin recuerdos eso es todo lo que dejaba atrás. Era hora de volver a ser. Simplemente, ser.
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